Dos bigotes y un destino

Por el amor de ese dolmeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen, somos dos bigotes con un mismo destinooooooooooooo…

Llevo desde el fin de semana con esa canción en mis ortostatos, y no hay manera de quitársela de encima. Os explico: tras dos semanas sin apenas noticias de mis arqueólogos locos (que ya pensaba que me habían abandonado como el marqués), este fin de semana vinieron a hacerme una visita sorpresa. No os imagináis la alegría que me dio verles. Además, mi sensual ecuatoriano se había vuelto a dejar bigote, lo que hizo que mi cámara funeraria se encharcara a más no poder. Me dio la impresión de que el cambio de look se debió a que los microliters vinieron acompañados por un nuevo hombre, y claro, los celos y las luchas varoniles de conquista  son cosas de las que llevo acostumbrada desde el mismísimo Neolítico.

Arqueólogos del dolmen del Portillo

No obstante, los arqueólogos me dieron una triste noticia: su labor en el dolmen había acabado. Efectivamente, habían venido a despedirse de mí, pues no saben cuándo podrían volver a trabajar conmigo. A pesar del amargo momento (odio las despedidas, ¿Es que no hay nadie que quiera quedarse para siempre conmigo?), hicieron todo lo posible por cuidarme, y taparon los sondeos que habían realizado con geotextil, tierra y rocas, para que no pase frío ni me dañe hasta que aparezcan los próximos arqueólogos. En una muestra de cariño, mis microliters favoritos decoraron el geotextil y me dejaron varios mensajes, para que siempre me acuerde de ellos. ¿No son geniales?

Después de despedirme de ellos, se marcharon a Anguita para participar en la matanza del pueblo, donde aprendieron a hacer morcillas gracias a Benita, una de las mujeres más maravillosas del universo. Estoy segura de que engordaron como mil kilos más a base de panceta y migas, y no estuvieron ni un solo momento sobrios, ya que había un barril gigante de limonada, pero de la buena, de la anguiteña, la que se parece a la sangría. También realizaron una exposición de fotografías tomadas por la gente del pueblo, de cuando organizaron aquella actividad en la que colocaron cámaras por todas partes. Desde luego, tienen unas ideas…

Arqueólogos del dolmen del Portillo

Y hablando de ideas locas, no sé si os habéis fijado en el nuevo diseño del blog, pero a mí casi se me caen varios ortostatos de la risa al verlo.

“¡Hagamos a Dolménica grande de nuevo!” Dice la frase, con la imagen de Cabré, el fotógrafo del marqués de Cerralbo, parodiando el slogan de una figura muy controvertida actualmente. Sí, soy un dolmen y tengo muchos años, pero me entero de las últimas noticias.

Agradezco muchísimo el sentimiento que se esconde tras esas palabras, aunque parece que, a estas alturas, mis arqueólogos locos no se han dado cuenta de que gracias a su labor de difusión, ya he vuelto a ser grande de nuevo.

Make Dolménica Great Again!

¡Hasta la próxima, microliters!

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